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18/10/2013

las viviendas populares en el delta del ebro

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Por Ferran Torta.

El Delta del Ebro, formado por la aportación de aluviones del propio río a lo largo de los siglos, fue ganando terreno al mar. Es una superficie plana llena de humedales y de balsas de agua salobre, donde crecen plantas resistentes a los ambientes marinos, como la enea, el carrizo, el junco, etc.

LA BARRACA COMO HABITÁCULO

Durante el siglo XIX, la gente del Delta, para luchar contra el paludismo y buscar fuentes de ingresos, con la fuerza de sus propias manos y la ayuda de caballerías, luchó contra todos los elementos para ganar tierras de cultivo a los páramos que cubrían el Delta. Las tierras obtenidas se destinaban al cultivo del arroz, que era la única gramínea capaz de sobrevivir en unos ambientes salobres. Era necesaria la aportación de agua dulce para poder cultivar el arroz, hecho que exigió nuevos sistemas de irrigación y de drenaje. Los primeros se consiguieron mediante canales de riego, que nacían aguas arriba del río, en la población de Xerta, para tener bastante pendiente para poder repartirse por gravedad por el conjunto de regaderas por todo el delta. Era también conveniente genera una red de desagüe, para drenar las tierras y reconducir las aguas utilizadas hasta el mar.

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Barraca cobijo de pescadores, fechada en 1933, cedida por M. Cornelles.
Fondo del Museu de les Terres de l’Ebre.

Se consiguió, a base de años de trabajo de mucha gente, poner en cultivo todo el Delta. La gente tenía que trabajar muchas horas y renunciar al descanso para cumplir sus deseos. Como el sistema de locomoción era muy lento (se desplazaban en carro y en la mayoría de ocasiones a pie), y la distancia a los pueblos era excesiva, era necesario disponer de un habitáculo en la misma zona donde trabajaban. Como los recursos económicos eran inexistentes, había que suplirlos con la imaginación y utilizar los medios que ofrecía la propia naturaleza del entorno inmediato.

Empezaron construyendo pequeñas barracas, que les permitían pernoctar y hacer su vida en condiciones realmente muy precarias. Las necesidades de la cosecha del arroz en los meses de primavera y verano, hicieron que las familias de los payeses intentaran convivir con ellos en el propio campo, hecho que les obligó a agrandar las barracas, para permitir la vida cotidiana alternada con los trabajos de todos los integrantes, cada uno según sus posibilidades.

Las barracas, si bien eran más grandes, seguían siendo construidas con materiales y productos que encontraban en las cercanías de las fincas que cultivaban.

La barraca es pues una construcción típica del Delta del Ebro, hecha por las mismas familias que la tenían que habitar, con materiales autóctonos sin ningún coste económico, a excepción hecha del esfuerzo personal para conseguirlos. Era por lo tanto una construcción muy sencilla y práctica, que cualquier persona con la simple observación, si bien con mucha dedicación y esfuerzo, podía hacerse. El paso del tiempo y la experiencia de muchas personas permitieron la realización de unos habitáculos rudimentarios pero eficaces. La venida de gente de otras comarcas, que no disponían de una vivienda en los pueblos, comportó que las barracas se ocuparan todo el año. Con lo cual las características constructivas, tenían que ser más duraderas, resistentes y relativamente más confortables.

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Barraca campesina. Autor desconocido, fechada hacia 1925, cedida por Teresa Fosch.
Fons del Museu de les Terres de l’Ebre.

La barraca es de forma rectangular, con cubierta a dos aguas con una pendiente muy elevada para evitar la filtración de las aguas de lluvia, que se desarrolla en una sola planta totalmente libre. Las superficies eran bastante reducidas, pues sus usuarios hacían prácticamente la vida al exterior. La anchura normalmente no superaba los 4 metros, la longitud estaba comprendida entre 6 y 8 metros, y la altura en el punto más bajo era de un metro y medio, y en el punto más alto de unos tres metros. Estas medidas permitían economizar al máximo las necesidades de los materiales y facilitar su construcción.

CONSTRUCCIÓN

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Cerca de los caminos y de las regaderas, los payeses formaban una superficie algo más elevada que las fincas de cultivo (la era), donde al final de la cosecha se separaba el grano de la paja. En esta zona, en un lugar bien orientado se construía la barraca. Se orientaba al sudeste, para evitar los fuertes embates del viento de mistral (viento de arriba) y conseguir una buena iluminación natural a trabas de la puerta.

La estructura de la barraca constituía el esqueleto del habitáculo. Para formar las cuatro paredes se plantaban ramas de madera de chopo clavadas en el suelo, y separadas una distancia de un metro. En las paredes laterales su altura sobre el suelo era de un metro y medio, mientras que en las paredes de delante y de atrás, la altura era variable según la pendiente de la cubierta. Esta línea de puntales se ligaba con una rama recta de madera de chopo o eucalipto (la anguileta), que formaba una especie de correa de la barraca. El entramado de la cubierta era de troncos de chopo, que se apoyaban sobre los puntales y se unían en la cumbrera, situada sobre los tres metros.

Una vez se había plantado la estructura en costillas se cubrían las paredes y cubierta con cañas recogidas a las orillas de los desagües o del propio río. Había unas de principales o “maestras”, verticales, situadas entre los puntales, y unas secundarias –más pequeñas- que se ligaban horizontalmente a las maestras, con las cuales se forraba toda la barraca.

Con la envolvente de cañas acabada se iba a por la cubierta, la cual se hacía a base de cribas de enea, barrón, etc. Para que no entrara agua la cubierta se hacía con mucha pendiente y un grueso de paja relativamente importante, sobrepasando con creces los 20 cm. Se iban colocando capas longitudinales de abajo hacia arriba, hasta llegar a la carena.

Para el recubrimiento de las cañas –y para dar estanqueidad a la barraca- se utilizaba una mezcla de barro y paja, materiales también muy abundantes al Delta. De esta mezcla se embadurnaba el interior y el exterior de la barraca (techo interior incluido). La paja le daba resistencia al barro y ayudaba a que no se rompiera la mezcla al secarse. El único elemento de la cubierta exterior que se aferraba con barro era la carena, es decir, la línea superior de la cubierta que une las dos vertientes. Esto se hacía para ligar las cribas.

Finalmente, se aplicaba el único material que no se podía encontrar en el Delta: la cal. La sierra del Montsià (a menos de 10 km) todavía conserva numerosos pozos de cal: agujeros circulares de 2 metros de diámetro donde se introducían rocas calcareas (la roca sedimentaría que forma la sierra del Montsià y los Ports de Beseit) y se quemavan con madera del bosque hasta que la piedra se convertía en cal aérea o viva. En las barracas, la cal se apagaba con agua (hervía en una reacción exotérmica) y una vez hecha la reacción química se aplicaba cómo si fuera una pintura en las paredes y en el interior del techo (y también en la carena de la cubierta). Hay que tener presente que la cal es un potente desinfectante y, además, da el color blanco característico de las edificaciones del Delta del Ebro.

El pavimento era la propia tierra compactada por el paso de los propios constructores de la barraca, durante su ejecución.

LA VIDA EN LA BARRACA

La barraca es una edificación rural que utiliza los materiales propios que le ofrece la misma naturaleza. Es una edificación sostenible que no supone una extracción de materiales intrusiva en el entorno, ni deja una huella ecológica en su territorio.

Al principio sólo tenía una única apertura que era la puerta de acceso, y ninguna ventana, si bien tenía una chimenea para la evacuación de los humos, cuando se cocinaba en el interior, hecho que comportó más de un susto, pues cualquier descuido provocaba un incendio.

No había ningún servicio sanitario, el campo era muy amplio, y las necesidades de higiene de sus habitantes no eran muy exigentes.

Las condiciones climáticas del delta, no son extremas, el sistema constructivo de la barraca permitía una vida espartana, sin comodidades ni pretensiones. Sus pobladores eran muy duros y acostumbrados por la fuerza al trabajo de sol a sol, y al llegar a casa estaban tan cansados que posiblemente no se daban cuenta de las deficiencias, y si se presentaba un problema o una traba lo solucionaban como mejor sabían o podían.

En un primer momento esta era la única edificación viable en el Delta del Ebro. No obstante, a medida que el desecado de los humedales fue avanzando se construyeron las primeras masías con paredes de piedra, si bien estas estaban sólo dentro de las posibilidades de las familias más acomodadas o adineradas. Más adelante, cuando los nuevos materiales constructivos estuvieron al alcance de todo el mundo, las barracas se utilizaron como espacio donde resguardar los animales de trabajo, puesto que era la fuerza motriz que labraba los campos. Actualmente, esta construcción típica de las tierras del delta se ha recuperado por gente del terreno y por recién llegados, que, enamorados de las tradiciones de este territorio, han usado la misma envolvente, pero incorporando una distribución interior con los nuevos materiales que el mercado pone a nuestra disposición, y las comodidades y servicios que exige su habitabilidad.

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Las fuentes de las imágenes que ilustran el texto han sido:

– Archivo del Museu de les Terres de l’Ebre

– Ferran Torta, autor del texto

– Recuperació d’una barraca, habitatge dels avantpassats del Delta de l’Ebre. Ramon Montesó Gallego, Arquitecto técnico (Ed. Col·legi d’Aparelladors i Arquitectes Tècnics de les Terres de l’Ebre, 2004)

Para saber más cosas sobre las barracas del Delta, os recomendamos los siguientes artículos de M. Carme Queralt:

QUERALT, M. Carme. “Les barraques del delta de l’Ebre. Un dels habitatges populars més antics i singulars de Catalunya” en Revista de Etnologia de Catalunya, 28, 2006, p. 96-108,
QUERALT, M. Carme.  “Les barraques del delta de l’Ebre” en Caramella. Revista de música i cultura popular, 18, 2008, p. 6-9

QUERALT, M. Carme.  “El Centre d’Interpretació de les Barraques del Delta de l’Ebre” en Recerca i difusió de l’etnologia catalana, 2005.

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